Escrito por Milton Morrison   

Miércoles 04 de Enero de 2012

No pretendo igualar ninguna de la Odas Elementales de Pablo Neruda, ni mucho menos la Oda séptima a Nelson Alejandro escrita por Franklin Mieses Burgos. Más bien de lo que se trata es de la puesta en línea de palabras para un reconocimiento a un ser humano, cuyas cualidades personales y profesionales me hacen verlo como un dominicano ejemplar, quizás menos conocido en el país que cualquier talento joven de la farándula, o un merenguero de calle o algún político vernáculo coyuntural de trayectoria populista o clientelar.

Escribo sobre un profesional que ha hecho aportes muy valiosos a la ingeniería estructural dominicana, así como aportes significativos a las buenas prácticas y enseñanzas de la ingeniería en casi todos los países de Centro y Latinoamérica, plasmados en cursos y formación a más de 1,000 profesionales de la ingeniería latinoamericana, representados en decenas de pergaminos y reconocimientos otorgados por mas de una docena de universidades latinoamericanas. 

La expresión de que nadie es profeta en su tierra interpretada y extraída de las sagradas escrituras, no se aplica al respeto profesional que se le tiene en el país, a pesar de las mezquindades humanas, por cierto muy humanas en una sociedad donde la caricatura y el calcar predominan sobre lo genuino y el aporte real. Pero más aún es el reconocimiento en otras latitudes hispano parlante donde muy frecuentemente visita para ir a instruir o más bien ejercer el oficio que le legara su abuelo el profesor Egbert Cleveland Morrison.

Indudablemente que las cualidades personales que le adornan superan en grandes dimensiones las profesionales ya descritas. Cuando me refiero en las múltiples charlas sobre liderazgo basado en valores que he impartido a nivel nacional, a los tres valores fundamentales que ha de tener un líder, que son honestidad, empatía y solidaridad; más bien de manera no expresa e indirecta parece que me he estado refiriendo a su persona. Es uno de los seres humanos más honestos y responsables en cuanto al cumplimiento de su palabra y ante los compromisos que contrae; sabe ponerse en los zapatos de los demás y padecer las realidades positivas o negativas de su prójimo, pero lo más importante de todo es que es solidario hasta la ingenuidad, cuyas acciones en ocasiones se revisten de una candidez que reflejan a un ser humano que hace el bien sin mirar a quien ni esperar nada a cambio.

Por ser el ejemplo profesional que seguí, por ser solidario ante todas mis pruebas, por ser el guía mío y de mis hermanos, por ser el emprendedor natural de nuestra familia paternal, y ser ejemplo de honestidad y sacrificio a toda prueba, es que he querido escribir esta oda sin rima a mi hermano Nelson Alejandro Morrison Ramírez haciéndola coincidir con un día más de su natalicio.

Escrito en el periódico Acento el 04/01/2012